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domingo, 3 de febrero de 2013

Retórica visual







Todos, en principio, reivindicamos el cuidado y respeto a la naturaleza pero cuantos realmente estamos comprometidos y hasta donde …?... creo que debo tomar decisiones acerca de ello.

Un abrazote.


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Los hay que mueren de silencio
de tragarse demasiadas palabras 

y del cólico fenomenal que sigue 
y los hay que mueren por hablar demasiado 
pues las paredes
 —al contrario que las tapias, que están sordas— oyen.

Los hay que mueren de cansancio
de todo lo que hay que cambiar para que 
nada cambie  
y hay quien muere de aburrimiento
en esta feria universal 

donde continuamente ocurren cosas 
y nunca pasa nada.

Hay quienes mueren de miedo
ante la mera sospecha de que podrían darse 

de bruces con la verdad de sus actos
y hay a quienes les da tanto coraje
que alguien pudiera sospechar que hay una verdad tras sus actos
que sencillamente se mueren.

Los hay que no mueren nunca
porque ya están muertos.

 
         Jorge Riechmann






 

lunes, 8 de agosto de 2011

La Presa






El azar puso en mi camino esta fotografía donde el caballito del diablo (Calopteryx xanthostoma) se esta merendando esta efémera. Por supuesto que fotografié toda la secuencia !! hasta que se la comió y … marcho. De toda la secuencia esta fotografía es la que mas me ha gustado y donde se ve representada la cruda realidad de la naturaleza … sabia pero implacable ademas de próxima. También pensé en poner la fotografía del depredador del caballito del diablo, una araña en pleno acoso pero.... creo queda claro!! el clásico dicho … el grande se come al pequeño ..!!. trasladándolo a nuestro día a día tampoco nos diferenciamos tanto de estos bichines … al fin y al cabo también somos naturaleza … aunque mas retorcida, sera a causa de la inteligencia o por la falta de ella..!!!...¿?...
Un abrazote.



Esperanza

Esperanza,
araña negra del atardecer.
Tu paras
no lejos de mi cuerpo
abandonado, andas
en torno a mí,
tejiendo, rápida,
inconsistentes hilos invisibles,
te acercas, obstinada,
y me acaricias casi con tu sombra
pesada
y leve a un tiempo.
Agazapada
bajo las piedras y las horas,
esperaste, paciente, la llegada
de esta tarde
en la que nada
es ya posible...
Mi corazón:
tu nido.
Muerde en él, esperanza.



                                            Angel González